Roma de noche en autobús

Un par de mochilas, sandalias, jeans y una camiseta. Las dos abordamos emocionadas de volar por primera vez juntas. Mi mejor amiga, Anamaría, había estado antes en Roma y aprovechando mis vacaciones en Barcelona -donde ella vive hoy por sus estudios- decidimos visitar otro lugar.

El vuelo duraría aproximadamente dos horas. Medio logramos descansar. Llegamos al Aeropuerto Fiumicino y yo no contaba con que debíamos tomar un tren que se tardaría tanto en llevarnos hasta Termini, donde debíamos abordar otro bus para encontrarnos con la persona más genial que he conocido en mi vida: Neli.

Parecía una pesadilla en la estación. Habíamos bajado las gradas hacia el metro para comprar el pase para abordar el autobús y cuando quisimos volver las gradas solo bajaban, no encontrábamos unas que subieran. Caminábamos de un lado a otro y ya era noche por lo que ambas nos preocupamos. No recuerdo cómo salimos de ahí, pero logramos subir a tiempo al bus.

Roma de noche en autobús fue espectacular. “En el día se ven ruinas romanas”, me comentó Anamaría, para mí de día o de noche fue fascinante.

Llegamos a la última parada de la ruta que tomamos y ahí esperamos a Neli. No más nos vimos algo pasó entre las tres y fue como si nos conociéramos de años. Abordamos ahí otro autobus hasta la casa de Neli.

“¿Tienen hambre?”, nos preguntó y por supuesto que teníamos y estabamos muy cansadas. Neli es la persona más atenta y simpática que he conocido jamás. Es brasileña, pero vive en Roma desde hace varios años. Piel trigueña como dorada, ojos soñadores, una linda sonrisa, alta, bonito cuerpo y cabellera abundante, larga y lacia.

Ella calentó tres pizzas que había comprado para nosotras y mientras se horneaban nos sirvió un poco de vino blanco. Platicamos toda la noche, comimos riquísimo, escuchamos música -a Shakira porque insistí en oír eso- y acabamos con tres botellas de vino blanco. Fue una velada increíble.

Anamaría, yo y Neli en la Fuente de Trevi.La mañana siguiente nos esperaba una aventura por toda Roma. Recorrimos a pie desde la Plaza Italia (creo que esa era), hasta llegar al Coliseo. Visitamos la Plaza España, la Fuente de Trevi, el Panteón, el Foro Romano hasta llegar al Coliseo y ahí tomamos el metro hasta Termini, donde almorzamos pasta.

Tomamos ahí un bus que nos llevó hasta el Vaticano, el cual fue el último punto de visita por ese día. El Vaticano es impresionante, como todo lo demás que vi ese día. Entramos a la Basílica de San Pedro, donde estan muchos Papas enterrados. Vi la sepultura del Beato Juan Pablo II. Sentí mucha admiración y respeto.

Al regreso del Vaticano a la casa pasamos por un puente donde habían unas cadenas llenas de candados con nombres. Tienen la costumbre los enamorados de escribir sus nombres en un candado y lo colocan en esas cadenas en ese puente y tiran las llaves al río. No recuerdo con exactitud por qué lo hacen, pero es una especie de rito de amor.

Pasamos luego por un restaurante donde tomamos un par de cervezas y picamos quesos y embutidos. Esa noche -no lo sabíamos- habría un eclipse lunar, el más largo en mucho tiempo y aunque no lo vimos todo, pero fuimos testigos de ese espectáculo de la naturaleza por algunos segundos.

La mañana siguiente nos preparamos con Anamaría para dar el último paseo a Roma, pero esta vez solo a ver el Castillo de Sant Angelo, que no pudimos visitar el día anterior. Nos despedimos de Neli y fue triste dejarla, pero era hora de irnos.

Camino al Castillo pasamos comiendo pizza, la más deliciosa que he comido en toda mi vida.

Para entrar al Castell Sant Angelo pagamos la entrada y valió la pena, es lindo por dentro, antiguo, huele a viejo, hay muchos objetos utilizados por distintos Papas, pinturas, muebles y tiene una vista linda. Por fin llegó la hora de partir.

No hubieramos sido verdaderas mochileras solo por andar dos maletotas en la espalda… hacía falta algo: correr.

Vimos la hora y debíamos llegar pronto a Termini para tomar el bus que nos llevaría al Aeropuerto de Ciampino. Corrimos para tomar un taxi y nos llevó a la estación, compramos los boletos del bus y luego llegamos al aeropuerto. Me dormí en el bus, pues estaba en verdad agotada.

El Aeropuerto de Ciampino es tan pequeño como una estación de buses, para abordar los aviones de aerolíneas de bajo costo había que hacer una larga cola.

Anamaría se confundió la hora de abordar con la hora de salida del avión o con la hora de cierre de puerta. Le dio casi taquicardia. Corrimos desde el punto de inspección hasta llegar a las puertas de abordaje. Llegamos a la puerta y estaba cerrada. Anamaría no podía ni respirar y yo no paraba de reírme, ¿qué más podía hacer?

Casi llorando le preguntó a unas señoritas uniformadas: “Tengo que irme. Vamos en el vuelo ‘tal’. Necesito irme”. Ellas nos dijeron “Mira la pantalla. Está retrasado”, pero no solo eso, también nos habíamos equivocado de puerta.

No podía parar de reírme y Anamaría se tranquilizó. La abracé y se calmó.

Nunca había volado en una aerolínea como Ryanair. Era un Boeing. Uno se sentaba donde quisiera, los asientos no se reclinaban, los colores del avión por dentro eran de intenso azul y amarillo pollo. No fue muy reconfortante el vuelo, por lo incómodo de los asientos, pero gracias a Dios regresamos a salvo a Barcelona.

Advertisement

~ por glam2 en julio 30, 2011.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.