Me in wonderland – London trip

Es rico caminar. Creo que descubrí que me gustaba mucho desde aquel primer día. Tomé un mapa, traté de comprender las líneas del metro y hubicarlas en el mapa de la ciudad, pero me costó -nunca había visto cosa tal, no conocía más que los buses de la 44, 42-A, 42-C o la 101-D, que eran las que en mis primeros años de universidad utilicé para transportarme desde mi casa-.

Conocer una ciudad es vivirla, es olerla, recorrerla, tocarla, saborearla, mirarla, respirarla, escucharla, observarla… las ciudades viven y se viven.

No logré entender cómo moverme en metro desde donde me estaba hospedando hasta el Museo Británico -sería mi primera vez en un gran museo-, así que decidí caminar.

El mapa fue mi aliado y como no tenía prisa, vi los nombres de las calles, conté las cuadras que debía caminar y avancé segura hasta mi destino. No recuerdo su nombre, pero tuve un compañero en las últimas dos cuadras que recorrí. Era alto, piel muy morena, sonriente, agradable. Me preguntó de dónde era y a dónde me dirigía. Le sorprendió más que fuera a un museo a que yo fuera de nacionalidad salvadoreña.

“Nunca he ido a un museo. Vivo en Londres desde que tengo ocho años, pero nunca he ido a un museo”; no supe qué decir, pues hubiera sido descortés de mi parte demostrarle mi asombro. Intuí que él era una persona trabajora de escasos recursos y posiblemente poca o nula formación académica, así que solo para seguir la plática pregunté por qué, a lo que respondió algo tan sencillo como “nunca me ha llamado la atención”.

Por supuesto no quiso acompañarme a entrar al museo, pues vestía ropa de trabajo y debía volver a sus labores. Así que me dejó su número, por si yo quería salir con él otro día,  y nos despedimos.

Me acerqué intentando buscar una caseta para pagar mi entrada y me enteré de inmediato de algo más sorprendente: era gratis.

En la primera sala había algunos pilares romanos o griegos -no lo recuerdo con exactitud-. El techo estaba conformado por tragaluces de vidrio que iluminaban el vestíbulo.

Caminé sin saber por dónde empezar y pasé por salas de cultura egipcia, romana, griega, mesopotámica, incluso inca y maya. Algo que me cautivó mucho fueron las momias. Me pareció fascinante saber que aquella forma humana alguna vez estuvo viva como yo y formó parte de una cultura o una sociedad y ahora yacía su cuerpo inerte tras una fría vitrina de museo, y sin haber conocido las cámaras fotográficas en su tiempo, jamás había sido retratado en vida como después de su muerte.

Los días siguientes durante mi visita en Londres fueron en verdad de ensueño. El país de las maravillas, el país de Alicia; el Reino Unido cuya dinastía aún existe y es la más famosa del mundo y aparentemente la más querida por su pueblo; la región del té y los pubs; la nación de Jack “el destripador” y Shakespiere y cuna de varios personajes ficticios como: Harry Potter, Sherlock Holmes y James Bond.

Con mis relatos descubrirás en mi bitácora de viajes cómo me enamoré de mi propio “wonderland”: Londres.

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~ por glam2 en julio 28, 2011.

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