Chicago in high heels
No es que caminé por las calles de Chicago con tacones todo el día, solo fue que ese fue mi primer pensamiento cuando vi los rascacielos y la ciudad tan ordenada, limpia y casi tan impresionante como Manhattan.
En otra ocasión les hablaré de “La Gran Manzana”, pero por hoy quiero contarle a mi bitácora de viajes lo que descubrí: me encanta Chicago.
No sabía nada de Chicago. Así que planeamos con mis compañeros salir. Busqué anoche lugares turísticos y tracé la ruta: Millenium Park y Navy Pier. Busqué formas de irnos del hotel hasta el down town en Google y por fin me dormi.
Cuando sonó la alarma me pareció que no podría levantar mi cuerpo de la cama, pero lo logré gracias a las ganas de ir a explorar una nueva ciudad. Salimos del hotel en el transporte que da servicio hacia el aeropuerto. En el aeropuerto tomamos la línea azul (O’hare). Este cuesta $2.25 por viaje, por supuesto que sale más barato comprar un pase para tres días, u optar por otras opciones; pero para uno que cuenta con menos de 24 horas para recorrer una ciudad y debido a que no hay “all day pass”, no hay más que comprar pase por viaje. Y nos embarcamos en el metro directo a la ciudad.
El cielo estaba nublado y las nubes grises que surcaban el cielo parecían estar en medio de una batalla épica. No recorrimos menos de 15 paradas, hasta llegar a la estación Washington. No más salimos del metro y comenzó a llover. Menos mal no era una lluvia muy fuerte, pero buscamos rápidamente dónde resguardarnos -por aquello de las gripes que en nuestro trabajo son peligrosísimas-. El Dunkin’ Donuts fue el elegido.
Pedimos un combo uno, que lleva dos donas y un café (bastante grande). Esperamos que pasara la lluvia y continuamos la aventura. Según yo, nos dirigíamos hacia el Millenium Park, pero cuando llegamos a una cruz calle donde estaban realizando reparaciones, me detuve, vi la calle, el mapa y en efecto habíamos caminado en dirección opuesta al parque, pero dimos por casualidad con otro lugar que mi compañero Rodrigo quería visitar: Willis Tower.
Caminamos una o dos cuadras hacia abajo y llegamos. Son impresionantes los rascacielos. Ingresamos en la torre y un vigilante de raza negra muy amable y sonriente nos indicó que no era ahí donde podíamos ingresar a la área turística de la torre, sino que debíamos salir. Seguimos sus indicaciones y entramos.
$17 por persona para subir… Bueno, dimos la vuelta y salimos; en realidad no habíamos previsto gastar esa cantidad de dinero, así que pensamos “al menos sabemos dónde queda, la próxima vendremos sin duda”.
Caminamos de regreso y caminamos sobre la calle Adams y al final de esta dimos justo con Instituto de Arte de Chicago, cruzamos a la izquierda y ahí estaba por fin el Millenium Park.
Había unas fuentes como cascadas y muchos niños -en su mayoría de raza negra- se bañaban ahí, jugaban y los adultos los cuidaban desde unas bancas de madera. Se miraba divertido y nos dieron ganas de meternos con ellos, pues ya hacía calor luego de las gotas de lluvia de más temprano.
Caminamos por el parque, tomamos fotos al Cloud Gate y a un como anfiteatro que estaba en el parque donde tocaba una orquesta sinfónica y algunos espectadores se deleitaban con sus melodías en una cálida tarde de miércoles de julio.
Caminamos más arriba y sobre la calle Columbus nos dirigimos hasta llegar a la Grand Avenue y sobre esta caminamos hasta llegar al Navy Pier.
Debo reconocer que me gustó mucho más el Navy Pier que el Fisherman’s Warf de San Francisco… o bueno, quizá cada uno tiene su encanto.
Tomamos más fotos, vimos un velero, varios yates, la ciudad y sus rascacielos desde otro ángulo y varios restaurantes a lo largo del Navy Pier. Es encantador, en verdad.
Cansados, nos sentamos en unas bancas de madera y observamos la bahía, las gaviotas, un faro. Decidimos entonces qué queríamos comer: pizza. Y como nos habían recomendado una en especial, nos dirigimos de regreso al hotel. Fue toda una aventura.
En el recorrido vi varias ventas de libros y una tienda de música jazz. Quise entrar, pero la verdad no todos disfrutan los libros y el jazz como yo, jajaja… en otra tendré la oportunidad de meterme unos minutos a ver qué encuentro ahí.
Chicago es una ciudad hermosa, ordenada, limpia. Tiene de encantador: una bahía que no tiene nada que envidiarle a la de San Francisco, edificios imponentes que no son menos admirables que los que se elevan en Manhattan, y gente… mucha gente maravillosa. Creo que me he enamorado de Chicago.
