Primer vuelo transatlántico

Quisiera hacer de mi blog una verdadera bitácora de viajes. Contarlo todo, exprimir mis sentidos y convertir todas mis sensaciones en palabras…

Recuerdo la primera ciudad europea que conocí. Fue hace seis años… pareciera que fue ayer. Un poco nerviosa, puesto que era mi primer viaje sola, subí en el primer avión que me llevó de Comalapa, Aeropuerto Internacional de El Salvador, hacia Washington, International Airport Dulles.

El viaje no fue tan largo. Fue una mañana. La noche anterior no había logrado conciliar el sueño; sin embargo, tampoco pude dormir en el vuelo de SAL a IAD. No recuerdo si hubo o no merienda, creo que no hubo, pero no me hacía falta: un centenar de mariposas abarcaban todo mi tracto digestivo hasta mi estómago, nada podría digerir con tranquilidad.

Arribamos en Washington. Un oficial de migración me preguntó cosas como a dónde me dirigía, cuánto dinero llevaba para mi viaje, por qué viajaba. No recuerdo más que la sensación que me provocó aquel hombre, son muy serios y tratan a la mayoría de latinos como si fueran delincuentes ingresando a una penitenciería. Lo más irónico es que los que peor tratan a los turistas son personas de raza negra, asiática o los mismos latinos.

El aeropuerto de Washington podría describirlo más ahora, por mi trabajo, que por aquella vez. Recuerdo vagamente que me perdí, que temía perder mis maletas, que pregunté dos o tres veces cómo llegar a la puerta donde salía mi vuelo hacia Londres. Caminé mucho. Era en verdad un aeropuerto de mucho tráfico de personas y aviones de distintas aerolíneas del mundo.

Recuerdo haber visto hacia arriba y el techo estaba muy alto. Recuerdo cantidad de personas caminando de un lado a otro. No sé cómo di con la puerda de salida, pero llegué casi de último. La señorita que estaba en la puerta del puente que llevaba hacia el avión me detuvo unos instantes para corroborar que no necesitaba visa para entrar al Reino Unido. Me molestó un poco, pues no habría comprado un pasaje hasta allá y no hubiera llegado hasta Washington sin antes -como buena viajera- asegurarme de que no la necesitaba. Por fin, entré.

El avión era en verdad grande. Ahora que lo recuerdo, bien podría haber sido un Airbus 340. Tomé mi asiento de pasillo en los asientos que van en medio de la cabina. Tenía una ventana a mi derecha, pero me separaba de ella dos asientos y un pasillo. A mi izquierda, sentado, un señor de origen hindú me sonrió con cortesía.

El despegue demoró un poco. No sé por qué. Eso me puso un tanto más nerviosa. Finalmente, la carrera de despegue, el sonido de los motores y el avión flotaba y tomaba altura poco a poco. Fue impresionante.

No recuerdo si cené, si comí por fin algo, pero sí recuerdo que logré dormirme no sé por cuánto tiempo. Hasta que unos dedos presionaban mi brazo suavemente. Desperté y era el señor hindú que quería ir al baño. Me levanté y le di permiso.

Estuve inquieta en el asiento esperándolo. Nunca regresaba. Alzé la vista y lo miré parado junto a otro asiento, conversando. Yo necesitaba seguir durmiendo para no sentir el vuelo.

Cuando volvió al asiento, quiso conversar. ¿A dónde me dirigía? ¿A qué iba? ¿De dónde era yo? ¿Dónde aprendí inglés? Fueron algunas preguntas de mi entrevista con el hindú.

No sé ni cómo, pero terminamos hablando de Dios y religiones, de política, de situaciones sociales en Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y otros países; hablamos del racismo y quien sabe qué otras cosas platicamos. Fue interesante, la verdad, pero me costó entenderle por su acento.

Un par de horas antes de llegar a Londres, me despertó una aeromosa rubia, con el cabello recogido, de piel blanca y muy sonriente… que si quería desayunar. Debo reconocer que me da pena, pero pregunté si eso costaba algo -yo llevaba mi dinero bien justo para el viaje, no podía gastar de más-, ella respondió que no y desayuné… muy rico.

Durante el descenso, logré ver desde mi asiento a través de las ventanas más cercanas la ciudad de Londres, tan vieja, tan moderna, tan bonita, dividida por el río Támesis. Ahí abajo, en pocos minutos comenzaría la aventura, la travesía londinense.

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~ por glam2 en julio 26, 2011.

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