A Mario… por el amor

La mejor forma que mi corazón encuentra para expresar lo que siente
-teniendo en cuenta lo perturbado que es- es escribiendo. Gracias a
Dios se me facilita esto de escribir y las letras son mis mejores
amantes a la hora de materializar mis sentimientos -si a esto se le
puede llamar “materializar”-

En la vida jamás pensé encontrarme con un hombre como tú, mi amado
niño, tan lleno de alegría, tan positivo ante la vida, servicial,
caballeroso, detallista, comprensivo -eso es lo que más pense que
sería imposible de enconrar-… Pero no cabe duda que Dios es
misericordioso y se apiadó de mi corazoncito enamorado de la vida,
soñador e ilusionado del amor y me concedió la dicha más
extraordinaria que jamás pensé: enamorarme de la persona justa, tal
cual se lo pedí a mi Señor.

Creo que de las cosas que más admiro y amo de ti, mi Principio, es tu
servicio a Dios, tu entrega incondicional a Él y a quienes te rodean,
tu capacidad de sacrificarte por amor, tu esfuerzo y empeño en hacer
de esta princesita una mujer feliz… ¿por qué lo hacés? No lo sé, así
es el amor, incomprendido. Pero no importa, no tiene por qué
entendersele, no se le reflexiona, aunque sí se le piense; el amor
sólo se siente.

Creo que lo hacés porque me amás, creo que me amás porque tu corazón
siente que lo merezco -aunque a veces yo piense que no-. Yo no soy
nadie, yo no sé nada, Dios dice “sí” cuando yo pensé “jamás”.

Quiero ser digna de tu amor, porque sé que es amor de Dios a través
tuyo y Dios me engalana, me llena, me impresiona a través tuyo. Sos,
simplemente, un ser humano extraordinario de quien me he enamorado.

Sí, mi corazón lo confiesa, lo grita: te amo.

Veo en tus ojos transparencia tal cual aguas cristalinas, brillantes
como diamantes. Veo en tus ojos el reflejo de tu corazón: inocencia,
pureza, amor verdadero, paciencia y más y más amor.

Veo en tu sonrisa tanto de eso que llaman sinceridad, compruebo en ti,
mi angelito, que la sinceridad en los hombres aún existe. Es real.

Veo en tu rostro, cual sol resplandeciente, el rostro del amor de mi
vida, Jesús. Tú, reflejo suyo; tú, perla de sus ojos; tú, imagen y
semejanza de mi verdadero amor. Te amo.

Las palabras son mis amigas, juego con ellas, me levantan, me botan,
me hacen cosquillas y me hacen reír, me desgarran y me hacen llorar…
pero no pueden darme lo que necesito para expresarte lo que siento por
ti, no pueden describir lo que significas para mí.

Dos palabras trilladas -quizás- desgastadas por ladrones, vívoras
ponsoñosas, mentirosos insensibles, son lo único que tengo para
decirte esto que siento. Dos palabras que para mí son preciosas, pero
por el origen que tienen, que es Dios; dos palabras simples, sencillas
pero poderosas cuando vienen del corazón, cuando nacen de la perfecta
fuente del amor, que es Dios: Te amo… dos palabras. Punto.

~ por glam2 en Julio 11, 2008.

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